A fines del s. XIV, en 1398, el obispo electo de Córdoba don Fernando González Deza, que había conseguido una singular reliquia de una de las Once mil Vírgenes, se obliga ante el cabildo a dotar la fiesta de estas mártires. Fue de Santa Úrsula una mártir cristiana que murió en el año 450, y cuyas reliquias se guarda en Colonia. Ella misma formó parte de las Once mil Vírgenes. En esta capilla fue enterrado este insigne prelado en 1424.
Su primer retablo de pintura en tabla fue ejecutado en el monasterio de Guadalupe.
El único testimonio que queda de los años fundacionales es la inscripción sepulcral en mármol blanco de chantre, con su escudo de armas e inscripción.
La capilla, excepto la lápida y la reja, sufre una remodelación total mediante la construcción de una media naranja, que le proporciona una mayor luminosidad, y la talla de un nuevo retablo. Ambos proyectos se contratan en 1714 con el escultor Teodosio Sánchez de Rueda, actuando como fiador Pedro de Cobaleda, maestro dorador. Se supone que el cabildo debió consultar al menos el proyecto, cuyas primeras referencias datan de 1711, con el maestro mayor Francisco Hurtado, del que se ve su evidente influencia.
El contrato suponía el aprovechamiento de un Ecce Homo, la hechura de la imagen de san Acacio –general romano convertido al cristianismo, que por no abjurar de su fe sufrió los mayores tormentos en el año 108- y la pintura de siete lienzos. Para algunos investigadores, la imagen del titular es mucho más fina de factura que otras esculturas de Teodosio Sánchez, lo que hace pensar que esta parte del encargo también pudiera haberla realizado el músico-pintor italiano Juan Pompeyo o algún escultor de oficio.
Las pinturas, que representan la Anunciación, la Visitación, san Pedro, San Pablo, San Juan de diós, una santa –posiblemente Santa Ursula- y la Purísima Concepción, son de Pompeyo.
El elemento más llamativo de la composición del retablo es el juego de cuatro estípites de monumentales proporciones que articulan el cuerpo inverior.
domingo, 13 de mayo de 2012
Capilla de la Santísima Trinidad (7)
El título de la capilla no aparece hasta tiempos relativamente recientes, ya que en su denominación se usó mas el apellido de la familia que gozaba el patronato. Así, en 1401 se la llama de Fernán Ruiz de Aguayo, señor de Villaverde, y a mitad del siglo XVI, capilla de Diego de Aguayo. El plano de planta de la Catedral de 1741 la llama de la Santísima Trinidad.
En el pavimento puede leerse la inscripción sepulcral de Juan de Dios Aguayo y Manrique, marqués de Santaella y señor de Villaverde y los Galapagares, hermano mayor después de los ermitaños de Córdoba con el nombre de Juan de Dios de San Antonio “por huir del (mundo) i hallar la única i verdadera felicidad”.
El retablo data de 1864 y se compone de un lienzo de José Saló, que representa a la Santísima Trinidad con rasgos muy academicistas y perfilados, arropado por un amplio manto de armiño en estuco con fondo arquitectónico de dos pilastras, arquitrabe y frontón neoclásico de escaso relieve. Se trata de la última aportación creativa, coetánea de los planteamientos restauradores románticos de la obra musulmana.
Los cerramientos laterales son de celosías mudéjares, original la del costado sur, y del siglo XIV la del costado norte, procedente del cerramiento norte de la capilla de san Ildefonso. De esta capilla proceden dos inscripciones sepulcrales nazaríes de Al-Motamid Abu-s-Sorur Mofarach y de abu-n-Naim Redhuan, traducidas por M. Casiri en Latín y R. Amador de los Ríos en castellano, cuya procedencia y fecha de llegada a Córdoba se desconocen. Ya se encontraban en esta capilla en la segunda mitad del s. XVIII. Con posterioridad las dos aparecen expuestas en el Museo de San Clemente.
En el pavimento puede leerse la inscripción sepulcral de Juan de Dios Aguayo y Manrique, marqués de Santaella y señor de Villaverde y los Galapagares, hermano mayor después de los ermitaños de Córdoba con el nombre de Juan de Dios de San Antonio “por huir del (mundo) i hallar la única i verdadera felicidad”.
El retablo data de 1864 y se compone de un lienzo de José Saló, que representa a la Santísima Trinidad con rasgos muy academicistas y perfilados, arropado por un amplio manto de armiño en estuco con fondo arquitectónico de dos pilastras, arquitrabe y frontón neoclásico de escaso relieve. Se trata de la última aportación creativa, coetánea de los planteamientos restauradores románticos de la obra musulmana.
Los cerramientos laterales son de celosías mudéjares, original la del costado sur, y del siglo XIV la del costado norte, procedente del cerramiento norte de la capilla de san Ildefonso. De esta capilla proceden dos inscripciones sepulcrales nazaríes de Al-Motamid Abu-s-Sorur Mofarach y de abu-n-Naim Redhuan, traducidas por M. Casiri en Latín y R. Amador de los Ríos en castellano, cuya procedencia y fecha de llegada a Córdoba se desconocen. Ya se encontraban en esta capilla en la segunda mitad del s. XVIII. Con posterioridad las dos aparecen expuestas en el Museo de San Clemente.
Capilla de San Antón (6)
La capilla está dedicada a San Antonio, adad, padre y modelo de ermitaños, fallecido en Egipto, no lejos del mar Rojo, en el año 356. La implantación de su devoción en Córdoba está documentada desde el s. XIII.
Su fundación se debe a Alfonso Fernández el Viejo, vasallo del rey y veinticuatro de Córdoba, bisnieto de don Alfonso Fernández, adelantado mayor de la frontera y primer señor de Cañete. Doña Inés de Aguilar creará en ella una capellanía en 1547. Fue patronato de los marqueses de Villaseca como señores de Belmonte hasta que en 1902 lo renunciaron a favor de los hijos de don José Cabrera y Fernández de Córdoba.
Su cerramiento frontal es de reja-tabique de hierro. En el lateral derecho, celosía mudéjar original con puerta de acceso desde el antiguo baptisterio. La celosía del lado izquierdo, de la segunda mitad del s. XIV, procede del cerramiento norte de la capilla de San Ildefonso, trasladada a este lugar en 1987.
Su retablo, en madera dorada, se compone de pilastras con capitel corintio, decoradas con racimos de frutas, y de una hornacina que aloja la imagen del titular, posiblemente de fines del siglo XVII. El ático se halla incompleto por haber sufrido un derrumbamiento; está hoy recompuestos –por manos de Miguel Arjona Navarro- con los elementos que se pudieron recuperar.
Su fundación se debe a Alfonso Fernández el Viejo, vasallo del rey y veinticuatro de Córdoba, bisnieto de don Alfonso Fernández, adelantado mayor de la frontera y primer señor de Cañete. Doña Inés de Aguilar creará en ella una capellanía en 1547. Fue patronato de los marqueses de Villaseca como señores de Belmonte hasta que en 1902 lo renunciaron a favor de los hijos de don José Cabrera y Fernández de Córdoba.
Su cerramiento frontal es de reja-tabique de hierro. En el lateral derecho, celosía mudéjar original con puerta de acceso desde el antiguo baptisterio. La celosía del lado izquierdo, de la segunda mitad del s. XIV, procede del cerramiento norte de la capilla de San Ildefonso, trasladada a este lugar en 1987.
Su retablo, en madera dorada, se compone de pilastras con capitel corintio, decoradas con racimos de frutas, y de una hornacina que aloja la imagen del titular, posiblemente de fines del siglo XVII. El ático se halla incompleto por haber sufrido un derrumbamiento; está hoy recompuestos –por manos de Miguel Arjona Navarro- con los elementos que se pudieron recuperar.
Capilla de Nuestra Señora de la Concepción (5)
El solar que ocupa esta capilla estuvo reservado desde la Edad Media para baptisterio de la collación de la Catedral, y a ello se dedicó hasta 1679.
De su cerramiento original solo queda la celosía mudéjar de yeso con puerta a la capilla de san Antón. Esta capilla, dedicada a la Purísima Concepción de la Virgen María, fundada por el obispo fray Alonso de Medina y Salizanez (1675-85) en función de mausoleo episcopal, será también exponente de la devoción de sus familiares a este misterio.
Comenzado el proyecto en 1679, pudo celebrarse su inauguración en 1682. Su construcción afectó al muro de fachada. El recinto se compone de la capilla propiamente dicha y de la antecapilla.
Se accede a ésta por un gran arco en piedra ornado con puntas de diamante que obligó a suprimir dos arcos y una columna de la antigua mezquita de Abd al-Rahman I. La antecalilla se cubre con una media naranja adoranada con pinturas atribuidas a Juan de Alfaro en la que se representa una gloria presidida por el Espíritu Santo en torno al cual se mueven angelitos que sostienen en sus manos los símbolos marianos y el nombre de María. En las pechinas, los cuatro Evangelistas con sus nombres en cartelas, de excelente factura y colorido. Los paramentos con ventanas fueron revestidos igualmente con pinturas y fondos arquitectónicos. En ellos aparecen San Francisco de Asís y San Antonio de Padua. En la cornisa: “Tota pulchra es María”.
En el pavimento de la antecalilla, tres laudas sepulcrales de los obispos don Juan Alfonso y Albulquerque, don José P. Pozuelo y Herrero, y don Manuel Fernández-Conde. Próxima a la grada del acceso a la capilla, una lápida en mármol azul de los arcedianos Medina Requejo, Medina y Ayuda, y Medina y Corella.
En la antecapilla, una gran hornacina para albergar una pila de agua bendita, y sobre ella una pintura al óleo que representa a San Acisclo, de Antonio del Castillo, pintado en competencia con Cristóbal Vela para ver quién de los dos realizaba los cuadros del retablo mayor del crucero. Presenta un dibujo firme y seguro, una pincelada fuerte y una gama cromática densa.
La capilla se abre con portada de mármol rojo de Cabra y arco de medio punto, y sobre ella una imagen en piedra de la Concepción coronada. Se cierra con una reja con montaje semicircular de barrotaje radial tupiendo el arco. Está firmada en el cerrojo por Pedro León en 1682 y fue hecha en Córdoba.
Su interior es de una gran riqueza, destacando la cúpula con decoración radial que descansa sobre un potente arquitrabe.
El retablo es también obra de Melchor de Aguirre, con quien se firmó contrato en 1680. Las imágenes de la Purísima Concepción, San José y Santa Ana son del escultor Pedro de Mena. El sagrario en mármol es de 1949 y se labró por Rafael García Rueda. En los paramentos laterales, encuadradas en dos hornacinas adelantadas, las figuras orantes del obispo fundador y de San Idelfonso, arzobispo de Toledo. En el capillo de la capa pluvial del obispo está labrado su escudo episcopal, y en las cenefas aparecen San Juan Evangelista y San Andrés. En el capillo de la del santo arzobispo, la imposición de la casulla por la Virgen María. En el pavimento de la capilla se encuentra la inscripción sepulcral, coronada con busto de perfil, de don Adolfo Pérez Muñoz' obispo de Córdoba, obra de Amadeo Ruiz Olmos.
De su cerramiento original solo queda la celosía mudéjar de yeso con puerta a la capilla de san Antón. Esta capilla, dedicada a la Purísima Concepción de la Virgen María, fundada por el obispo fray Alonso de Medina y Salizanez (1675-85) en función de mausoleo episcopal, será también exponente de la devoción de sus familiares a este misterio.
Comenzado el proyecto en 1679, pudo celebrarse su inauguración en 1682. Su construcción afectó al muro de fachada. El recinto se compone de la capilla propiamente dicha y de la antecapilla.
Se accede a ésta por un gran arco en piedra ornado con puntas de diamante que obligó a suprimir dos arcos y una columna de la antigua mezquita de Abd al-Rahman I. La antecalilla se cubre con una media naranja adoranada con pinturas atribuidas a Juan de Alfaro en la que se representa una gloria presidida por el Espíritu Santo en torno al cual se mueven angelitos que sostienen en sus manos los símbolos marianos y el nombre de María. En las pechinas, los cuatro Evangelistas con sus nombres en cartelas, de excelente factura y colorido. Los paramentos con ventanas fueron revestidos igualmente con pinturas y fondos arquitectónicos. En ellos aparecen San Francisco de Asís y San Antonio de Padua. En la cornisa: “Tota pulchra es María”.
En el pavimento de la antecalilla, tres laudas sepulcrales de los obispos don Juan Alfonso y Albulquerque, don José P. Pozuelo y Herrero, y don Manuel Fernández-Conde. Próxima a la grada del acceso a la capilla, una lápida en mármol azul de los arcedianos Medina Requejo, Medina y Ayuda, y Medina y Corella.
En la antecapilla, una gran hornacina para albergar una pila de agua bendita, y sobre ella una pintura al óleo que representa a San Acisclo, de Antonio del Castillo, pintado en competencia con Cristóbal Vela para ver quién de los dos realizaba los cuadros del retablo mayor del crucero. Presenta un dibujo firme y seguro, una pincelada fuerte y una gama cromática densa.
La capilla se abre con portada de mármol rojo de Cabra y arco de medio punto, y sobre ella una imagen en piedra de la Concepción coronada. Se cierra con una reja con montaje semicircular de barrotaje radial tupiendo el arco. Está firmada en el cerrojo por Pedro León en 1682 y fue hecha en Córdoba.
Su interior es de una gran riqueza, destacando la cúpula con decoración radial que descansa sobre un potente arquitrabe.
El retablo es también obra de Melchor de Aguirre, con quien se firmó contrato en 1680. Las imágenes de la Purísima Concepción, San José y Santa Ana son del escultor Pedro de Mena. El sagrario en mármol es de 1949 y se labró por Rafael García Rueda. En los paramentos laterales, encuadradas en dos hornacinas adelantadas, las figuras orantes del obispo fundador y de San Idelfonso, arzobispo de Toledo. En el capillo de la capa pluvial del obispo está labrado su escudo episcopal, y en las cenefas aparecen San Juan Evangelista y San Andrés. En el capillo de la del santo arzobispo, la imposición de la casulla por la Virgen María. En el pavimento de la capilla se encuentra la inscripción sepulcral, coronada con busto de perfil, de don Adolfo Pérez Muñoz' obispo de Córdoba, obra de Amadeo Ruiz Olmos.
Capilla de San Simón y San Judas (4)
Dedicada a estos santos apóstoles, esta capilla fue dotada en 1401 por Ruy Méndez de Sotomayor, vasallo del rey y veinticuatro de Córdoba, y por su mujer Leonor Sánchez de Cárdenas, en dos intercolumnios. En 1876 figura como patrono de la capilla el marqués de Villaseca, quien, en 1902, renunció a su derecho en favor de sus sobrinos, hijos de su hermano don José Cabrera y Fernández de Córdoba.
De época fundacional debe ser los azulejos de la mesa del altar y los que cubren la sepultura de los fundadores. En ellos puede verse los escudos con las armas y emblemas de los Méndez de Sotomayor y Cárdenas.
Tanto el altorrelieve en madera de Jesús Nazareno que ocupa la hornacina principal de la calle central como las dos tallas de bulto de los titulares deben proceder del retablo que se hiciera para esta capilla a mediados del s. XVI. En el banco del retablo está constituido por cuatro basamentos cuya decoración no pertenece al momento en que fueron realizados, al igual que la decoración de la parte central que configura el sagrario. El cuerpo está dividido en tres calles por medio de cuatro columnas salomónicas, con fuste cubierto de vides y sarmientos. El ático ocupa el espacio de la calle central y está formado por un registro para el lienzo de la Virgen de la Paloma ¿s. XVIII?, enmarcando por dos grandes roleos de hojarasca. Por sus características esenciales puede ser fechado en torno a 1700, con rasgos que recuerdan la obra de Francisco Hurtado. En el banco –calles laterales- destacan dos pequeños lienzos anónimos que representan los martirios de los titulares de la capilla.
Sobre la puerta del sagrario, un óleo sobre lienzo del último cuarto del s. XVIII en que se representa un cáliz sobre nube rodeada de ángeles, y encima, un corazón inflamado con corona de espinas, símbolo del Corazón de Jesús.
Durante la Edad Media se creó la leyenda acerca de que en la columna divisoria entre esta capilla y la de Nuestra Señora de las Nieves, en la que se aprecia una hendidura, estaba marcada la altura de Nuestro Señor Jesucristo.
De época fundacional debe ser los azulejos de la mesa del altar y los que cubren la sepultura de los fundadores. En ellos puede verse los escudos con las armas y emblemas de los Méndez de Sotomayor y Cárdenas.
Tanto el altorrelieve en madera de Jesús Nazareno que ocupa la hornacina principal de la calle central como las dos tallas de bulto de los titulares deben proceder del retablo que se hiciera para esta capilla a mediados del s. XVI. En el banco del retablo está constituido por cuatro basamentos cuya decoración no pertenece al momento en que fueron realizados, al igual que la decoración de la parte central que configura el sagrario. El cuerpo está dividido en tres calles por medio de cuatro columnas salomónicas, con fuste cubierto de vides y sarmientos. El ático ocupa el espacio de la calle central y está formado por un registro para el lienzo de la Virgen de la Paloma ¿s. XVIII?, enmarcando por dos grandes roleos de hojarasca. Por sus características esenciales puede ser fechado en torno a 1700, con rasgos que recuerdan la obra de Francisco Hurtado. En el banco –calles laterales- destacan dos pequeños lienzos anónimos que representan los martirios de los titulares de la capilla.
Sobre la puerta del sagrario, un óleo sobre lienzo del último cuarto del s. XVIII en que se representa un cáliz sobre nube rodeada de ángeles, y encima, un corazón inflamado con corona de espinas, símbolo del Corazón de Jesús.
Durante la Edad Media se creó la leyenda acerca de que en la columna divisoria entre esta capilla y la de Nuestra Señora de las Nieves, en la que se aprecia una hendidura, estaba marcada la altura de Nuestro Señor Jesucristo.
Capilla de la Transfiguración del Señor y Nuestra Señora de las Nieves (3)
El título se fundamenta en una antigua tradición romana, seguramente del s. XI en la que se cuenta que en tiempo del papa Liberio (segunda mitad del s. IV), la Virgen expresión su deseo de que se levantase un templo en su honor en el lugar que apareciera cubierto de nieve en agosto en el monte Esquilino. Los precedentes más antiguos de esta devoción en Córdoba arrancan del año 1397, cuando el obispo don Juan Fernández Pantoja, de origen toledano, dota su festividad.
A comienzos del s. XV edificó esta capilla el chantre don Domingo Ruiz, dotando en ella las advocaciones de la titular y de la Transfiguración del Señor, pero en 1497 el prior Pedro García de la Vereda pidió al cabildo el lugar para sepultura propia. Al pie del altar puede verse una lápida sepulcral en mármol blanco, rodeada de azulejos vidriados coetáneos, con el nombre del segundo fundador. Su escudo aparece tanto al pie de la inscripción como sobre el arco conopial de su reja-tabique, ejecutada, sin duda, en los años finales del s. XV.
Su retablo, adosado al muro Sur –antes de 1923 lo estaba al muro occidental junto a la puerta de San Sebastián- y hoy en la iglesia parroquial de La Carlota desde 1989, es de madera, de estilo rococó, fondos verdes y decoración de rocalla dorada, y tiene en la calle central un lienzo que recoge la tradición romana según el modelo iconográfico de discípulo del Giotto que la inmortalizó en los lienzos que pintó para la basílica romana de Santa María la Mayor. Sobre éste, otro de la Transfiguración del Señor con Moisés y Elías, y los tres apóstoles a sus pies. En las calles laterales, dos pinturas al óleo sobre cristal que representan la Adoración de los Pastores y la de los Magos firmada por Ximenez, de la misma época del retablo.
Recibió profundas transformaciones con motivo de los estudios arqueológicos del interior de la portada de San Sebastián, realizados por Félix Hernández en 1931-35. Para ello derribó el tabique norte de la capilla y puso una reja-tabique en el intercolumnio situado frente a la puerta de San Sebastián.
A comienzos del s. XV edificó esta capilla el chantre don Domingo Ruiz, dotando en ella las advocaciones de la titular y de la Transfiguración del Señor, pero en 1497 el prior Pedro García de la Vereda pidió al cabildo el lugar para sepultura propia. Al pie del altar puede verse una lápida sepulcral en mármol blanco, rodeada de azulejos vidriados coetáneos, con el nombre del segundo fundador. Su escudo aparece tanto al pie de la inscripción como sobre el arco conopial de su reja-tabique, ejecutada, sin duda, en los años finales del s. XV.
Su retablo, adosado al muro Sur –antes de 1923 lo estaba al muro occidental junto a la puerta de San Sebastián- y hoy en la iglesia parroquial de La Carlota desde 1989, es de madera, de estilo rococó, fondos verdes y decoración de rocalla dorada, y tiene en la calle central un lienzo que recoge la tradición romana según el modelo iconográfico de discípulo del Giotto que la inmortalizó en los lienzos que pintó para la basílica romana de Santa María la Mayor. Sobre éste, otro de la Transfiguración del Señor con Moisés y Elías, y los tres apóstoles a sus pies. En las calles laterales, dos pinturas al óleo sobre cristal que representan la Adoración de los Pastores y la de los Magos firmada por Ximenez, de la misma época del retablo.
Recibió profundas transformaciones con motivo de los estudios arqueológicos del interior de la portada de San Sebastián, realizados por Félix Hernández en 1931-35. Para ello derribó el tabique norte de la capilla y puso una reja-tabique en el intercolumnio situado frente a la puerta de San Sebastián.
sábado, 12 de mayo de 2012
Capilla de San Agustín y Santa Eulalia de Mérida (2)
La capilla rinde memoria a este santo Padre de la Iglesia y a la mártir hispano-romano desde 1409. Fue fundada por doña Leonor Carrillo, viuda de Ruy González Mesía, hijo de maestre de la orden de Santiago, señor de La Guardia y de La Aragonesa (Jaén). En 1634 consta aún el patronato de los marqueses de La Guardia.
En 1852, por hallarse sin retablo, se autorizó la colocación del retablo del Colegio del Ángel de la Guarda, de Infantes de Coro. Pocos años después, en 1886, se traslada a este lugar el gran cuadro de San Rafael en su aparición al Padre Roelas (culminado en arco de herradura), obra de Antonio Álvarez Torrado fechada en Madrid en 1788, procedente del cerramiento norte de la antigua capilla de Villaviciosa. El altar de mármol que lo sustenta procede del mismo lugar y están en relación con el arco barroco en mármoles cordobeses y granadinos de aquel arco exterior de la capilla de Villaviciosa.
En 1886 el cabildo concedió derecho de sepultura en ella bajo condiciones a la familia de don Manuel de Lara y Cárdenas, cuyos apellidos constan en la inscripción de la lápida sepulcral del pavimento.
En el alfiz, por la parte exterior y en árabe, lleva esta inscripción: “el imperio perpetuo corresponde a Allah; la gloria eterna para Allah”.
En 1852, por hallarse sin retablo, se autorizó la colocación del retablo del Colegio del Ángel de la Guarda, de Infantes de Coro. Pocos años después, en 1886, se traslada a este lugar el gran cuadro de San Rafael en su aparición al Padre Roelas (culminado en arco de herradura), obra de Antonio Álvarez Torrado fechada en Madrid en 1788, procedente del cerramiento norte de la antigua capilla de Villaviciosa. El altar de mármol que lo sustenta procede del mismo lugar y están en relación con el arco barroco en mármoles cordobeses y granadinos de aquel arco exterior de la capilla de Villaviciosa.
En 1886 el cabildo concedió derecho de sepultura en ella bajo condiciones a la familia de don Manuel de Lara y Cárdenas, cuyos apellidos constan en la inscripción de la lápida sepulcral del pavimento.
En el alfiz, por la parte exterior y en árabe, lleva esta inscripción: “el imperio perpetuo corresponde a Allah; la gloria eterna para Allah”.
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